Niños mexicanos en alto riesgo de morir antes que sus padres por alto consumo de alimentos procesados: Experta

MÉXICO, D.F., 02MARZO2015.- Una señora le da de beber un refresco a un bebé mientras espera a que empiece una conferencia de prensa. México se ha convertido en el mayor consumidor de refrescos en el mundo, rebasando a los Estados Unidos con un consumo mayor a los 163 litros por persona al año.
FOTO: DIEGO SIMÓN SÁNCHEZ /CUARTOSCURO.COM
  • La reciente regulación del etiquetado en los alimentos procesados en México no ha funcionado como esperaban las autoridades, pues ahora los niños consumen porciones más grandes del mismo producto, asegura la académica Ana Berenice Barrera

Ciudad de México.- Ana Berenice Barrera, académica de UNAM, indicó que debido al incremento del consumo de alimentos procesados en México, el país no sólo estaría enfrentando el aumento de enfermedades no transmisibles como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, sino que de continuar la ingesta excesiva de estos alimentos, se estaría generando la primera generación de niños con riesgo a morir antes que sus padres.

Si bien el costo de alimentos procesados no siempre es económico, y generalmente se distribuyen en las ciudades, Barrera señaló que recientemente se ha observado un incremento del consumo de estos productos, en regiones rurales de estados como Chiapas.

De acuerdo con la especialista, el consumo de bebidas de alto contenido calórico, alcanza los 163 litros por persona al año y estaría relacionado con las epidemias de diabetes y enfermedades cardiovasculares que se presentan cada vez a edades más tempranas entre la población mexicana.

El riesgo de consumir alimentos procesados radica en que son bajos en vitaminas y altos en grasa, azúcar y sodio. Además de que su consumo se incrementa porque son opciones para comer rápido y tienen buen sabor.

Las alarmas por el consumo de los alimentos procesados se encendieron por primera vez en el 2012, cuando México se colocó en el segundo lugar en obesidad en adultos y primero en niños a nivel mundial. Las autoridades procedieron modificando en el 2015 las normativas en el etiquetado de estos productos, así como en bebidas alcohólicas.

Esta nueva norma fue realizada por las secretarías de Salud y Economía, pues también se revisó el ingreso de los alimentos por las aduanas y se impusieron límites a la ingesta energética. Sin embargo, la medida resultó poco exitosa pues las empresas respondieron de manera estratégica para continuar vendiendo sus productos sin afectar sus ingresos.

Según la académica, al controlarse la venta de los productos en presentaciones de no más de 50 calorías, las empresas comenzaron a vender presentaciones con porciones más pequeñas, orillando a los consumidores a comprar dos o más porciones del mismo producto, e incrementando en casos el consumo calórico.

“Por ejemplo, un jugo pasó de 250 mililitros y 84 kilocalorías, a 125 mililitros y 42 kilocalorías, a un menor costo; sin embargo, el niño llega a la cooperativa de la escuela y pide dos juguitos; no sólo gasta más, sino que consume la misma cantidad de producto y desecha dos envases. Es necesario generar conciencia de la forma en que consumimos y por qué permitimos ser manipulados de esta manera”, mencionó la experta al departamento de comunicación de la UNAM.

Barrera recomienda a los consumidores informarse sobre los contenidos de los productos que consumen e invitó a los ciudadanos a los cursos que se ofrecen en la UNAM en esta materia.

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